
Se trataba de una revista caminada, de catorce páginas y muchas entrepáginas, por un barrio de Madrid que no voy a desvelar porque no quiero darle demasiadas pistas a un par de locos que me leen habitualmente. Hemos sido un grupo de unas veinte/veinticinco personas, la mayoría artistas y/o poetas, creo yo, que nos parábamos de cuando en cuando para hacer cada una de las páginas de la revista caminada. En cada parada o página, una o dos personas diferentes del grupo contaban o hacían algo en lo que implicaban a todxs lxs demás. Hemos quemado cosas -pacíficamente-, nos hemos tomado el pulso los unxs a lxs otrxs en dos cadenas circulares ("abandónate en mi pulso"; "¡láteme!"), hemos hecho largos bolaductos con papel de periódico en una soleada plaza ante la atónita mirada de lxs vecinxs y, en la cuarta página/parada, creo, sale uno de nosotrxs que se planta encima de una tapa de alcantarilla y se arranca con un cante hondo en vivo y en directo que nos ha dejado francamente maravilladxs y extasiadxs; el cantaor seguía cantando, estupendamente bien (todo creación suya), calle abajo y lxs vecinxs se asomaban disfrutando también de música y espectáculo con una sonrisa de oreja a oreja.
Antes de empezar alguien me explicó que se trataba de reconquistar las mañanas de domingo y disputárselas a la Iglesia, al fútbol o a la típica moña mañanera dentro de un frío y sombrío bar (o a pegar la gorra a familiares o amigxs en la sierra, que eso también es algo muy típico madrileño!).
Hoy he tenido que perderme las diez páginas siguientes, y la comida, porque tenía otro compromiso ineludible, ¡¡pero a la próxima no me mueve ni dios de allí y además me llevo una coliflor hermosa o unas bengalas!!
Besazos,
Alice XX